sábado, 12 de septiembre de 2015

Lecciones de vida.


Desde niña me enseñaron a defender mis ideas. Me enseñaron siempre a ser firme con lo que yo creía correcto pero que también escuchara lo que me tengan que decir. Porque alguien siempre tiene algo que decir.

Recuerdo claramente una vez, era viernes y mi abuela llegaba a casa. Estaba con una amiga y conversaban de lo que había pasado unos días antes en su trabajo. 

Mi abuela le dijo que no había escuchado nada de lo que dijo un tal Pedro, pero yo recuerdo muy bien que, una noche antes, le estaba contando a mi tía lo que este tal Pedro había dicho.

"Pero abuela, acuérdate bien, Se lo contaste a la tía Esperanza" -  Mi abuela volteó la mirada hacia mi y me destruyó como si fueran esos rayos que salen de los ojos justo para partirme en dos.

Ella solo sonrió y muy amablemente -más bien diría yo amenazante - me dijo: "Yo creo que te estas confundiendo, bebé, pero anda, juega con tu muñeca, vaya al cuarto, mija"

Intuía que algo malo estaba por pasar.

Se escuchó la puerta cerrar y mi abuela inmediatamente entra al cuarto y me reprende:

"Si yo digo que no he hablado con nadie, ¡es porque así es! ¡Si yo digo que esta frazada azul es verde, ES VERDE. ¿Entiendes?! 

No dije nada más. Había entendido y solo asentí con la cabeza.

Hasta ese entonces me di cuenta de que lo que me habían enseñado era mentira, no se aplicaba en la vida real y me lo habían demostrado muy bien.

Qué dura lección.

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